El Rol del Intelectual Crítico, y la Ciencia Política hoy.
Utopía Avanza: ¿Cual creés que debe ser el rol del intelectual y como crees que debe intervenir en la sociedad?
Eduardo Rinesi: Las preguntas por el así llamado “rol del intelectual” me intimidan un poco, porque uno corre el riesgo de decir cosas muy normativas y porqué, además, no es fácil decir qué es eso que, como si nos entendiéramos, solemos llamar un intelectual. Pero me parece evidente que ciertos cambios en la organización del mundo académico universitario, operados sobre todo durante los años 90 y no revertidos después al calor o al menos al mismo ritmo de las transformaciones más generales de las políticas públicas, han llevado a la cristalización de un tipo de actividad académica que más bien tiende a desestimular la participación activa de ese tipo de sujetos (profesores universitarios, investigadores universitarios) en los debates públicos en los que habitualmente solíamos pensar que los intelectuales tenían algo que hacer.
Sin duda, en la medida en que la escena pública presenta hoy algunos temas de discusión muy importantes, hay un mayor estímulo a la participación de intelectuales en ciertas discusiones. El fenómeno del grupo “Carta Abierta”, en ese sentido, me parece muy interesante. Quiero decir: que me parece que un desafío que tienen hoy tanto los poderes públicos como los propios intelectuales es el de recrear y potenciar un conjunto de espacios públicos de deliberación que veníamos viendo deteriorarse o incluso desaparecer a lo largo de las últimas décadas, y cuya ausencia es un problema muy grande, porque nos conduce a un tipo de vida de las instituciones políticas muy desprovista de densidad conceptual y también a una vida académica universitaria muy desprovista de identidad pública.
UA: ¿En este sentido, cómo ves a la Facultad de Ciencias Sociales en este escenario que nuevamente se abre a una mayor participación de los intelectuales en la vida política del país?
ER: A mí me parece que es un momento interesante para que las instituciones públicas de investigación y de enseñanza, las universidades públicas, ocupen un lugar importante en un conjunto de debates y en la ampliación misma de esos espacios de debate. Sería una verdadera pena que no lo hicieran: sería desaprovechar un momento muy interesante. Yo lamento que algunas facultades pertenecientes a la universidad pública argentina se hayan negado a participar activamente en una discusión fundamental que les proponía este gobierno: la discusión sobre las formas de mejorar el INDEC, porque me parece que es una solución fácil, una solución de… no quiero usar la palabra “descompromiso”, porque estoy seguro que los colegas que han tomado la decisión de no participar allí lo hicieron sobre la base de una evaluación seria y de un compromiso con cierta concepción de lo que debe ser un instituto de ese tipo, pero me parece que ésas son convocatorias que a veces los poderes públicos hacen a las universidades y que éstas no deberían desatender, porque tampoco son tantas y porque en su actitud frente a esas convocatorias se define también parte de su vocación y de su destino.
UA: ¿Cómo ves la orientación, la formación y la composición en general de la carrera de Ciencia Política en la actualidad?
ER: Tengo la impresión de que los problemas que a mí me parecen importantes de la teoría política no son los que las gestiones que han dirigido la carrera en el período durante el cual a mí me tocó dar clases en la misma consideran importantes, y me parece que en general hay una fuerte despreocupación por los problemas de la teoría política, y de una consideración más o menos reflexiva de los instrumentos conceptuales en los que nuestra disciplina trata de dar cuenta de los problemas de los que se ocupa. No quiero generalizar y tampoco me paso todo el día en la Facultad (más bien todo lo contrario), pero advierto una orientación general teóricamente bastante precaria, muy orientada en el sentido de una teoría del orden bastante ingenua y de una concepción del conocimiento asociada a un empirismo bastante ramplón, que le quita mucha potencia, me parece, al tipo de formación que la carrera imparte. Por supuesto, no está dicho que las cosas que a mí me interesan de la disciplina sean las cosas que sean intrínsecamente interesantes. Por supuesto que hay otra gente a la que le interesan otras cosas. Pero me preocupa un tipo de disciplina que hace casi una cuestión de no interrogarse sus propios instrumentos conceptuales, porque eso me parece que la deja muy cerca de la necedad.
UA: ¿Como ves que se pueden dar las próximas elecciones en la carrera de Ciencia Política en referencia a esta mirada critica?
ER: En Ciencia Política noto una generalizada sensación de necesidad, por parte de los colegas que uno más respeta y tienen una trayectoria importante, de volver más compleja, plural y dinámica la carrera. Me parece que distintas expresiones del movimiento estudiantil son básicamente coincidentes en eso. La encerrona disciplinar y corporativa, el devenir corporación de la Ciencia Política, es muy empobrecedor. Ahí no hay nada que ganar. En cambio potenciar las alternativas de mayor posibilidad de diálogo con otras vertientes de las ciencias sociales, con otras disciplinas, eso me parece que sería mucho más interesante. Y me parece que el tipo de temas que hoy reclaman nuestra atención en el espacio público argentino son todos ellos temas que hay que abordar sin esa anteojera disciplinaria tan empobrecedora. El mundo de los problemas y los desafíos políticos no tiene la amabilidad de organizarse disciplinalmente para que nosotros podamos estudiarlos sin molestarnos en revisar nuestras propias taras. Entonces hay que estar la altura de esa complejidad, porque si no es posible que los problemas, por complejos, por densos, por complicados, nos sigan pasando por el costado, no digamos ya que lleguemos tarde a considerarlos, sino que no los consideremos nunca, porque estamos muy ocupados recortando absurdamente no sé qué cosa para ponerla en el módico tamaño que nuestras lentes más empobrecedoras nos permiten aprender.
UA: ¿Cómo ves la posibilidad de que se sancione una nueva Ley de medios?
ER: Yo creo que la batalla parlamentaria es ganable, pero hay una batalla cultural para ganar ahora, que es más difícil. Es una de esas batallas, difíciles, que el gobierno y todos los sectores que apoyan una cierta renovación y democratización de la vida pública argentina pueden ganar si amplían el campo de las discusiones, si se las da en todos los frentes, si se involucran activamente a las organizaciones de la sociedad civil. En relación con la ley de medios, se puede decir que el gobierno lo ha hecho bastante, por cierto bastante más que en relación con otras leyes que, buenas o malas, claramente no fueron el producto ni tuvieron el apoyo de un debate previo como ésta. Por esto me parece que es de mala fe decir que no es el momento de impulsar ahora esta ley, o que se hace a las apuradas. Hace tiempo que, a impulsos del gobierno, se está debatiendo este asunto. Se trata de un proyecto de reforma de una ley escandalosa que llega razonablemente presentado a una discusión pública más o menos amplia. Si se está en condiciones de sostener esta discusión, de dar allí todos los argumentos, yo creo que hay posibilidades de ganar esta pelea. Claro que es difícil, y es difícil por lo mismo que lo hace necesario: porque el espacio público está dominado hoy por las grandes corporaciones del rubro en cuestión. Es necesario abrir y democratizar los espacios públicos. Ése es el objetivo de la ley, y el mismo escandaloso modo en que se está planteando en los medios el debate que la misma ha generado es la mejor demostración, insisto, de que esta batalla es urgente y necesaria. Si el gobierno consigue salir airoso de ella, si consigue derrotar, en las cámaras del parlamento y también fuera de ellas, en la opinión de la ciudadanía, los argumentos de una oposición que con tal de situarse del lado de enfrente del gobierno ha decidido repetir sin ninguna reflexión el libreto mezquino y corporativo de los dueños de los medios, podemos esperar tener, en el futuro, una esfera pública más democrática, menos colonizada, más libre.
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